LAS GRIETAS DE LA VIDA

Por Quetta Sosa


UN CAMBIO DE MUERTE, UN CAMBIO DE VIDA


¿Y SI MORIR ES EN REALIDAD UN CAMBIO DE CONSCIENCIA Y NO EL FINAL?


Sin duda perder a un ser querido, puede ser una experiencia que nos toca la vida, la sacude y la reacomoda; la experiencia de la ausencia definitiva nos duele y muchas veces no sabemos cómo reacomodarnos, nada nos reconforta y nos cuesta trabajo volver a retomar la vida.

La forma en la que muere un ser querido nos puede dejar marcados y a veces, sentimos que el dolor carcome la alegría y la esperanza de vivir porque las circunstancias en que suceden las experiencias de muerte resultan tremendamente doloras, injustas, incomprensibles y muy diferentes de cómo nos hubiera gustado que sucedieran. En muchos casos la muerte nos sorprende sin darnos tiempo a las despedidas y en tiempos como los actuales de pandemia, que mucha gente se va sin despedirse, que entra a un hospital y ya nunca vuelve a ver a sus seres queridos, resulta un duelo más complejo de elaborar.


Sin embargo, te has preguntado: ¿si yo hubiera nacido en otro país, bajo la influencia de otra cultura y otra religión, reaccionaría así? Cuánto de nuestras reacciones a la muerte son el resultado de una programación cultural que nos atasca cuando sucede y nos impide conectar con la vida. ¿Cuánto es una respuesta a la falta de consciencia de lo que en verdad somos? ¿Cuánto hemos concebido que la vida es nuestro cuerpo y no estamos abiertos a saber sobre nuestro espíritu, sobre nuestra naturaleza energética, espiritual, mental? ¿Cuánto la ilusión del mundo material que vemos nos ha hecho creer que es todo lo que existe y no estamos abiertos a percibir que cuando dejamos el cuerpo nuestro Ser, nuestra consciencia, permanecen más allá del tiempo y el espacio y que hemos dejado una huella en este mundo, nos guste o no?


Pocas veces reflexionamos acerca del impacto que estamos teniendo en quienes nos rodean, pensamos que, porque no somos personas “importantes” o “públicas”, nadie sabe ni se ve afectado por nuestra existencia. Lo cierto es que todo está conectado y no se mueve el ala de una mariposa sin que haya una reacción en el otro lado el planeta. A nivel energético somos parte de una misma unidad, todos damos vida al planeta y nos nutrimos de él, somos parte de lo mismo y cada pensamiento, cada acción que tomamos, cada silencio, cada emoción, e incluso lo que no nos atrevimos a hacer, ha tenido un impacto sobre nuestro entorno cambiando el rumbo de las cosas.


Cuando nos vamos, dejamos tras de nosotros la estela de lo creado con la forma en que vivimos la vida. Y muchas veces, tras la partida de un ser querido es que surgen las conversaciones en torno a lo que la persona hizo o dijo, pero nunca se enteró de cómo nos impactó.


¿Qué lloramos cuando perdemos a un ser querido? El no podernos encontrar de nuevo, no podernos mirar, abrazar, conversar, compartir; lloramos la ausencia, pero, sobre todo lloramos porque tenemos la sensación (falsa) de soledad. Y digo falsa porque si percibiéramos nuestra realidad energética sabríamos que más allá del tiempo y la distancia, estamos siempre conectados, siempre juntos y siempre facilitándonos experiencias de crecimiento. Que venimos juntos para aprender unos de otros y para crear experiencias grandiosas, pero cuantas veces nos entrenemos en el dolor, en el trauma, el drama de la vida. Cargamos las relaciones de reproches y acusaciones por como deberían o no deberían de haber sido las personas y las experiencias, para cuando se van, arrepentirnos del tiempo perdido.


La vida es hoy, solo sucede en constante presente (regalo) del aquí y ahora, en cada instante. El minuto anterior ya pasó y la hora que sigue aún no llega. No tenemos la certeza de que la viviremos y no hay manera de recuperar el tiempo que ya se fue. El futuro aún no existe, no lo tenemos, por lo tanto, solo este instante es tu realidad.


Si te permitieras centrar tu mirada en este instante presente, en el regalo que tienes ahorita con tu vida, si pudieras reconocer que la vida no termina con el cuerpo, que la vida continúa más allá y como seres infinitos seguimos avanzando a otros estados de consciencia, ¿Qué cambios harías para disfrutar más de la vida y de los que te acompañan?


Si supieras que hoy al terminar el día, terminará también tu vida, ¿te sentirías satisfecho por cómo has utilizado tu tiempo, tu libertad; de cómo has sido responsable con tu salud, con tus relaciones; de cómo has utilizado tus talentos para crearte una vida divertida y con propósito y de cómo has vivido tus experiencias? ¿Vivirías este día como lo estás haciendo hasta este momento o modificarías algo? ¿En quién te convertirías hoy para vivir este día como la persona que en verdad quieres ser y cerrar tu vida con dignidad?


Y pensando en que hoy fuera el último día de la vida de algún ser querido, ¿Cómo te gustaría honrar su vida y lo que ha sido para ti? ¿Te conectarías a la gratitud por todo lo que te dio para tu evolución? Me refiero a las experiencias, no a lo material, (aunque también a veces lo material puede ser objeto de aprendizaje y de experiencias). ¿Tomarías consciencia de todo lo que pudiste haber hecho diferente y no hiciste y dirías lo siento? ¿Le pedirías perdón por el dolor causado? ¿Le expresarías tus sentimientos?


La muerte durante la pandemia nos ha confrontado a buscar y a encontrar otras miradas para enfrentar la muerte y la vida misma. Hoy te invito a preguntarte, en quién me tengo que convertir para vivir la vida que en verdad deseo, y que al llegar al final de mis tiempos, deje una ola de paz y alegría a los que me han acompañado, que sientan mi gratitud por haberlos conocido, mi valoración por todo lo que tuvimos juntos y mi amor.


Y finalmente, quiero compartirte esta herramienta de Ho´oponopono que sin duda me parece una hermosa oración y una poderosa manera de cerrar cualquier ciclo en nuestra vida, sin importar si sucedió por muerte, divorcio, distanciamiento, o cualquier cosa, incluso contigo mismo. Cierra tus ojos mientras ves a ese ser querido, ese proyecto de vida, tu expareja, tu socio, tus sueños o a ti mismo, mientras te ves frente a ti, cargando el peso de toda tu vida y tus experiencias y di desde el fondo del corazón:


Lo siento por las memorias de dolor que comparto contigo

Te pido perdón por unir mi camino al tuyo para sanar

Te doy las gracias por estar aquí para mi

Te amo por ser quien eres


Y repítelo hasta que sientas que tu corazón entra en una resonancia de luz, paz y profunda alegría de saber que todo es perfecto y responde a la orden perfecta de nuestra creación divina.


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