¿Felicidad o Perfeccionismo?

Por Quetta Sosa


Una elección vital en el camino de Ser Tú

Cuando nos vamos haciendo adultos, una de las grandes ilusiones que tenemos es que podemos elegir lo que nos da la gana y ser como nos da la gana. Lo cierto es que cuando nos adentramos a trabajar en el autoconocimiento, descubrimos que hemos sido el reflejo de lo que nos enseñaron a ser y que, en gran medida, hay muchos mandatos buscando ser cumplidos. Y en ese camino de ser uno mismo, poco a poco descubrimos que las exigencias impuestas en el interior son las voces de los adultos de la niñez que dictaron un estándar de desempeño para cada uno de nosotros y sin darnos cuenta, un patrón de perfeccionismo.




¿Por qué sería interesante cuestionarnos esto, si nos funciona el perfeccionismo?


El perfeccionismo, como todas las cosas de nuestra vida, tiene inicialmente su lado positivo, cumple con una función positiva que nos ayuda a compensar algo o nos ayuda a lograr algo, pero con el tiempo, cuando se torna un aspecto más intenso, deja de ser óptimo y nutritivo para nuestra vida.


Quienes hemos sido víctimas o lo somos aún del perfeccionismo en alguna de las áreas de nuestra vida, sabemos que nos da la posibilidad de lograr cosas hermosas, nos permite poner mucha atención a los detalles, nos hace ser personas dedicadas, esmeradas, detallistas, exigentes que ofrecemos calidad en lo que hacemos, pero ¿a qué precio? Porque a veces son desvelos, repetir una y otra vez, pulir y en el peor de los casos, cuantas veces has dejado cosas inconclusas porque no quedaste satisfecho y simplemente procrastinaste hasta lograr el ideal que nunca llegó, sin concretar tus proyectos.


Cuando solemos ser perfeccionista, se pierde la objetividad y la clara percepción de las cosas como en realidad son, normalmente surge esa la voz interior que nos dice que pudimos haber dado algo más o hecho algo diferente para que saliera mejor, siempre hay una mejor versión en nuestra cabeza. Y esa vocecita es molesta, es juzgona, nos deja un sabor de no ser suficientemente buenos, suficiente esforzados, suficiente profesional, suficiente… y la lista puede ser infinita.


¿Qué trae esto por consecuencia? Una auto percepción de siempre tener algún aspecto de nosotros mismos incompleto. Esta es una manera de hacernos incorrectos y de empezar a crear las bases para una baja autoestima cimentada en el juicio personal. Es el camino para ir construyendo silenciosa y profundamente el menosprecio de nosotros mismo y la forma de hacernos no merecedores a lo más grandioso, creamos una mentalidad que nos fomenta el esfuerzo, el sacrificio y la auto exigencia que terminan dejándonos en un estado de insatisfacción personal, mermando la felicidad, hasta que elijas detener esa voz interior.


La perfección es una distorsión de la realidad, todo ya es perfecto como es en su imperfección perfecta y es de vital importancia saber reconocer esto para disfrutar de la vida y poder fluir con ella. Cuando desarrollamos una personalidad perfeccionista, nos convertimos en insatisfechos permanentes que nunca tienen suficiente de nada; nunca suficiente de cualquier experiencia, persona o situación, o incluso de nosotros mismos, nos parecerá que nunca es suficiente lo que hemos hecho, recibido o dado, que pudo estar mejor y que la gente en consecuencia, también siempre puede dar más.


Y quizás sea cierto, siempre podemos dar más; sin embargo, también es importante poder considerar la posibilidad de que las cosas no salgan al cien, aun cuando nosotros demos el cien, y poder aceptar que eso está bien, que no necesitamos cumplir todo siempre, ni perfecto, ni tener todo siempre al mil, que dar más no siempre es necesario y que puede ser liberador no cargar con la exigencia de nunca fallar y estar para todos siempre al cien.

En mi trabajo personal como paciente y en mi práctica como terapeuta, he aprendido que las personas perfeccionistas sufrimos mucho por pensar que defraudamos a los demás con estos detalles que percibimos como “imperfectos”, nos juzgamos y nos llenamos de sentimientos inadecuados que nos impiden disfrutar de la vida y de las relaciones de manera más grandiosa.


El perfeccionismo es quizás el camino opuesto a la felicidad. Desafortunadamente, mucha gente lo padece, sin embargo, la buena noticia es que se cura, jajajaja… Sí, podemos dejar ir estos patrones de exigencia propios y para con los demás o con la vida y dar entrada a recibirnos imperfectos, erróneos e incapaces de alcanzar ese estado inmaculado de gracia no propio de esta vida. Reírnos de nosotros mismos es una estrategia efectiva para derrocar al tirano insatisfecho que vive dentro nuestro, nos ayudará a ser más realistas y a no hacer relevantes cosas que muchas veces nos hacen sufrir innecesariamente. Asimismo, nos provocará estados internos químicos, me refiero a la generación de oxitocina y todos los demás neuropéptidos de la felicidad, nos hace más tolerantes a la frustración y más resilientes ante los fracasos y adversidades porque nos quita importancia personal y nos sitúa en un lugar donde fácilmente nos podemos levantar y sacudir el polvo para avanzar.


La vida ya es perfecta como es, con sus alegrías y sus sinsabores, y justo ese desbalance natural o contraste de colores es lo que la hace tan grandiosa, porque en esos contrastes, nos enseña todas las posibilidades y nos da la oportunidad de experimentarlo todo. Y de eso se trata la vida, de vivirla, de tener experiencias, de aprender y crecer con la vida misma, no de hacerlas perfectas. Vivir las experiencias y disfrutarlas eligiendo la felicidad por encima de la forma en que se muestran las cosas, es una forma de vivir con garantías de que nunca la perfección regresará.


¿De qué te puedes reír hoy de ti, que te permitiría soltar el peso de la perfección y dejar de hacer relevante esa experiencia? Y Si soltaras la necesidad de agradar, de recibir cariño siendo perfecto, de competir y mostrar tu valía con lo que haces, ¿cómo sería tu vida?


Ojalá que estas preguntas te ayuden a vislumbrar donde puede haber más felicidad en tu vida, y a elegirla y si te llevan a la incomodidad, puede ser que estés listo para un proceso de terapia personal y ahondar más en ti.


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